Anexo documental: A propósito del clientelismo: Octavio César

adminlae Cesar Bazan

Resumen


Los anales de Cayo Cornelio Tácito1

 

Documentary addendum:
About the patronage: Octavius Caesar
Annals of Cayo Cornelius Tacitus

Octavio César2 (en latín Imperator Caesar
Divi F. Augustus, 63 a. C.- 14 d. C.)

 

La ciudad de Roma fue a su principio gobernada de reyes. Lucio Bruto introdujo la libertad y el consulado. Las dictaduras se tomaban por tiempo limitado, y el poderío de los diez varones (decemviros) no pasó de dos años, ni la autoridad consular de los tribunos militares duró mucho. No fue largo el señorío de Cinna, ni el de Sila, y la potencia de Pompeyo y Craso tuvo fin en César, como las armas de Antonio y Lépido en Augusto, el cual, debajo del nombre de príncipe, se apoderó de todo el Estado, exhausto y cansado con las discordias civiles. Mas las cosas prósperas y adversas de la antigua República han sido contadas ya por claros escritores; y no faltaron ingenios para escribir los tiempos de Augusto, hasta que poco a poco se fueron estragando al paso que iba creciendo la adulación. Las cosas de Tiberio, de Cayo, de Claudio y aún de Nerón fueron escritas con falsedad, floreciendo ellos por miedo, y después de muertos, por los recientes aborrecimientos; de que me ha venido deseo de referir pocas cosas, y ésas las últimas de Augusto; luego el principado de Tiberio y los demás, todo sin odio ni afición, de cuyas causas estoy bien lejos. Después que por la muerte de Bruto y Casio cesaron las armas públicas; vencido Pompeyo en Sicilia, despojado Lépido, muerto Antonio, sin que del bando de los Julios quedase otra cabeza que Octavio César; dejado por él el nombre de uno de los tres varones (triunviros), llamándose cónsul, y por agradar al pueblo con encargarse de su protección, contentándose con la potestad de tribuno; después de haber halagado a los soldados con donativos, al pueblo con la abundancia y a todos con la dulzura de la paz, comenzó a levantarse poco a poco, llevando a sí lo que solía estar a cargo del Senado, de los magistrados y de las leyes, sin que nadie le contradijese. Habiendo faltado a causa de las guerras y proscripciones los más valerosos ciudadanos, y los otros nobles cayendo en que cuanto más prontos se mostraban a la servidumbre tanto más presto llegaban a las riquezas y a los honores; viéndose engrandecidos por este medio, quisieron más el estado presente seguro que el pasado peligroso. Ni a las mismas provincias fue desagradable esta forma de estado, sospechosas del Gobierno, del Senado y del pueblo a causa de las diferencias entre los grandes y avaricia de los magistrados, siéndoles de poco fruto el socorro de las leyes enflaquecidas con la fuerza, con la ambición y finalmente con el dinero. Para mayor apoyo de su grandeza hizo pontífice y edil curul a Claudio Marcelo2 , hijo de su hermana, de muy poca edad, y señaló de dos consecutivos consulados a Marco Agripa3 , de humilde linaje, aunque útil en la guerra y compañero en la victoria, a quien en muriendo Marcelo hizo su yerno. Honró con nombre imperial a sus antenados Tiberio Nerón y Claudio Druso4 , estando en pie y entera todavía su casa; porque él había adoptado en la familia de los Césares a Cayo y Lucio, hijos de Agripa; y antes de dejar la vestidura pueril llamada pretexta5 les hizo dar nombre de príncipes de la juventud, habiendo deseado ardentísimamente que fuesen nombrados para cónsules, aunque con aparentes muestras de rehusarlo. Muerto Agripa, murieron también Lucio César, yendo a gobernar los ejércitos de España, y Cayo, enfermo ya con ocasión de cierta herida, volviendo de Armenia, por una apresurada sentencia del hado o por industria de su madrastra Livia; con que muerto ya mucho antes Druso, quedo de todos los antenados sólo Tiberio Nerón, a quien al punto se volvieron los ojos de todos. Éste fue luego tomado por hijo, por compañero en el Imperio o por asociado en la potestad tribunicia, mostrado a todos los ejércitos, no como hasta allí, con ocultos artificios de su madre, sino a la descubierta, como declarado sucesor. Habíase hecho Livia tan señora del viejo Augusto, que le hizo desterrar a la isla Planasia6 a su único nieto Agripa Póstumo7 , mozo a la verdad inculto y rudo; y por ocasión de sus grandes fuerzas, locamente feroz, aunque no convencido de algún delito. Consignó a Germánico, hijo de Druso, las ocho legiones que estaban alojadas en las riberas del Rhin, y mandó a Tiberio que le adoptase, puesto que tenía un hijo de poca edad; y esto para fortificarse por más partes. No había en aquel tiempo otra guerra que con los germanos, más por vengar la infamia del ejército que perdió Quintilio Varo8 , que por deseo de extender el Imperio o por otro digno premio. La ciudad quieta, el mismo nombre de magistrados, los más mozos nacidos después de la victoria de Accio, y de los viejos muchos durante las guerras civiles, ¿quién quedaba que pudiese acordarse de haber visto República?

 

1 Texto tomado de Cayo Cornelio Tácito. Los anales, t. i, Buenos Aires, Emecé, 1944. Imagen tomada de [http://comentariossobrehistoria.blogspot.com/2010/11/emperadores-de-roma-octavio-augusto-27.html].

2 Sobrino de Augusto, muy querido de su tío. Murió joven. Virgilio le celebra en La Eneida, lib. iv. Tu Marcellus eris.

3 Marco Vipsanio Agripa. De humilde linaje, pero dotado de grandes talentos militares. Augusto, que le debía muchos de sus triunfos, le nombró cónsul, le asoció a su potestad tribunicia y le tomó por yerno a la muerte de Marcelo, dándole la mano de su hija Julia. Murió en el año 29 de Jesucristo, a los cincuenta y uno de su edad.

4 El primero, llamado Cayo César, nació el 21 de Jesucristo, y murió en Licia a la edad de veintitrés años; el segundo, Lucio César, nació tres años después que su hermano, y falleció en Marsella dos antes que él.

5 Llamábase así una toga adornada de una banda de púrpura que, junto con la bulla, formaba el traje de los jóvenes de ambos sexos nacidos de padres libres.

6 Islote inmediato a la isla de Elba. Hoy se llama Pianosa.

7 L. Marzo Agripa César Póstumo, hijo de Agripa y de Julia. Nació en el año 29 de Jesucristo, y fue muerto por orden de Tiberio a los veinticinco años de edad. Pretendía ser dios del mar porque era gran pescador, y hacíase llamar Neptuno. Había tratado a Livia de madrastra, y censuraba a Augusto porque retenía la herencia de sus padres.


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