Manifestaciones del maltrato
en escolares de acuerdo
al género y la edad
Manifestaciones del maltrato
en escolares de acuerdo
al género y la edad
Vilma Isabel Yánez Ogaza
Instituto Latinoamericano de Altos Estudios -ilae-
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978-958-5535-15-2
© Vilma Isabel Yánez Ogaza, 2020
© Instituto Latinoamericano de Altos Estudios -ILAE-, 2020
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Editado en Colombia
Published in Colombia
Contenido
Resumen
9
Abstract
11
Introducción
13
I.
Justificación
14
II.
Marco teórico
16
A. Manifestaciones de la violencia escolar
17
III. Planteamiento del problema
21
IV. Objetivos
24
A. Objetivo general
24
B. Objetivos específicos
24
V. Operacionalización de variables
24
Capítulo primero
Metodología
27
I.
Diseño
27
II.
Participantes
27
III. Instrumentos
28
IV. Procedimiento
28
A. Análisis de datos
29
7
Manifestaciones del maltrato en escolares de acuerdo al género y la edad
Capítulo segundo
Resultados
31
I.
Prueba para objetivo 1: Identificar las manifestaciones
del maltrato entre iguales que se dan entre niños y niñas del
Colegio Americano de Barranquilla en relación al rol asumido
por los mismos (agresor, víctima, testigo, agresor-víctima)
31
II. Prueba para objetivo 2: Establecer si el género muestra
relaciones con conductas específicas de maltrato entre iguales
33
III. Prueba para objetivo 3: Determinar si la edad de los
participantes se relaciona con las conductas y los roles
asumidos en las prácticas de maltrato por acoso e intimidación
34
Bibliografía
41
8
Resumen
El objetivo de este estudio consistió en identificar la existencia de re-
laciones entre las diferentes formas de manifestaciones de maltrato
(conductas), los roles asumidos (agresor, observador, víctima y agre-
sor-víctima), la edad y el género en un grupo de estudiantes de básica
secundaria y media de un colegio privado de la ciudad de Barranquilla
(Colombia). El estudio se basó en un diseño ex post facto de corte trans-
versal y enfoque cuantitativo, desarrollado con 212 estudiantes a quie-
nes se les aplicó una ficha de datos sociodemográficos y el Cuestionario
del Defensor del Pueblo en su versión de 2007. Los resultados demues-
tran que existen algunas asociaciones parciales entre las variables de
estudio, tal es el caso de las conductas de poner sobrenombres e insul-
tar que mostraron asociaciones estadísticamente significativas con el
género (p < ,05), donde las mujeres son las que se identifica de manera
más marcada con aquellas conductas de tipo relacional y psicológico;
además se encontró que el rol que predomina en la muestra estudiada
son los observadores (n = 175; 82,5%).
Palabras clave: Acoso escolar; Edad; Género; Rol; Conductas de maltrato.
9
Abstract
The aim of this study was to identify the existence of relations between
the different forms of exposures of violence (behavior), assumed roles
(aggressor, observer, victim and aggressor-victim), age and gender in a
group of students junior high and middle of a private school in the city
of Barranquilla (Colombia). The study was based on an ex post facto de-
sign of cross-section and quantitative approach, developed with 212 stu-
dents who were given a sociodemographic data sheet and Questionnaire
the Ombudsman in its 2007 version. The results show that there are
some partial associations between the study variables, such is the case
of the behaviors of name calling and insulting that showed statistically
significant associations with gender (p < ,05), where women are the
ones who identify most strongly with those behaviors of relational and
psychological sort; furthermore it is found that the predominant role in
the study sample are observers (n = 175; 82,5%).
Keywords: Bullying; Age; Gender; Role; Abusive behavior.
11
Introducción
Las expresiones de relaciones entre pares son muestra diaria de las for-
mas de comunicación y crecimiento del ser humano dependiendo del
contexto, la edad, los motivos, las formas en las que éstas se desarrollen,
al pasar el tiempo, dichas expresiones construyen la personalidad y los
mecanismos propios y permanentes del individuo por lo cual se consi-
dera fundamental que el factor social siempre se encuentre presente en
el crecimiento de los niños y niñas. Sin embargo, no siempre las formas
de relacionarse pueden considerarse positivas o por lo menos pensarse
que puedan dejar una “ganancia” para el fortalecimiento de las expre-
siones sociales del ser humano, y por el contrario surten al individuo
de aspectos negativos que deterioran las fortalezas establecidas previa-
mente e impiden la aparición de mecanismos de apoyo social.
Una de las formas más claras de factores negativos suministrados
por relaciones, son los presentados a través del acoso en las escuelas,
dicho fenómeno recibe el nombre de bullying el cual consiste en epi-
sodios de violencia periódicos y reiterativos contra un igual con el fin
claro de hacerle daño. Las instituciones educativas son los contextos
principales en donde se pueden observar episodios claros de bullying,
debido a su carácter de “segundo hogar” que al ser un espacio en don-
de las interacciones se vuelven diarias y ocupan la mayor cantidad de
horas al día aumentan la probabilidad de aparición de relaciones agre-
sivas y violentas entre compañeros.
Los episodios de violencia que actualmente se presentan dentro del
ámbito escolar han causado una creciente preocupación a nivel inter-
nacional, motivando estudios que buscan llegar a una comprensión del
fenómeno y algunos posibles mecanismos de intervención. Tradicio-
nalmente estos episodios de acoso escolar se han estudiado a manera
de recuento estadístico sobre la incidencia de presentación de los ca-
sos, pero no se han mostrado claramente las relaciones que pudieran
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Manifestaciones del maltrato en escolares de acuerdo al género y la edad
existir entre un abanico de factores determinantes para la prevención,
atención y reducción de la violencia al interior de las escuelas.
Es por esta razón que el objeto de este estudio se basa en un análi-
sis de posibles relaciones entre factores determinantes como la edad
y el género con los casos de acoso reportados por los estudiantes de
una institución privada de la ciudad de Barranquilla. Este estudio nos
permitirá obtener una visión clara de la situación actual del problema
y de esta forma crear acciones para la toma de decisiones a nivel acadé-
mico, administrativo y pedagógico que permitan un cambio real en las
formas de relaciones desde temprana edad que no terminen en futuros
casos de violencia entre iguales.
I. Justificación
Las situaciones de violencia que se muestran en los ámbitos educa-
tivos nos motivaron a pensar en una investigación que nos permita
identificar las manifestaciones de violencia que se dan en el ámbito
educativo, para nuestro caso en el Colegio Americano de la ciudad de
Barranquilla.
Las familias de los escolares por supuesto, prenden las alarmas y a
la voz de una queja o actitud de sus acudidos se avocan a las institucio-
nes pidiendo soluciones, situación que preocupa en gran manera a los
actores educativos es por eso, que para nuestro estudio nos propone-
mos identificar las manifestaciones del maltrato que se vienen dando
en la escuela de acuerdo al género y la edad de los estudiantes.
Son muchas las personas que hoy en día se han interesado por este
fenómeno social-escolar. En Colombia como en otras partes del mundo
se analiza y estudia este fenómeno ya que las escuelas aparecen más a
menudo en las páginas de sucesos de los periódicos que en la sección
de educación y cultura, situación que está preocupando seriamente a
todos los miembros de la comunidad educativa por lo cual éstas, bus-
can innumerables alternativas de cara a la protección y cuidados de los
niños, adolescentes y jóvenes de tal manera que permita el desarrollo
de ambientes escolares amables (del Barrio, Martín, Montero, Gu-
tiérrez y Fernández, 2003).
Al revisar el fenómeno desde otros países encontramos que por
ejemplo en España a partir del estudio empírico elaborado para el In-
forme del Defensor del Pueblo sobre violencia escolar, se presentan
14
Vilma Isabel Yánez Ogaza
nuevos datos de la incidencia de varias formas de abusos entre iguales
en la enseñanza secundaria obligatoria, de las circunstancias en que
ocurren así como la visión del profesorado acerca del mismo. La inci-
dencia del maltrato está estimada a partir de un cuestionario aplicado
a una muestra representativa nacional de 3.000 estudiantes de eso, la
mitad niñas, la mitad niños, quienes contestan desde su perspectiva de
posible víctima, agresor o testigo. Las conclusiones de acuerdo a los
analistas y teniendo en cuenta los datos arrojados están mostrando
una mayor incidencia de agresiones que se manifiestan como exclu-
sión social y agresión verbal (del Barrio, et al., 2003).
Queremos mencionar que el estudio de las dinámicas violentas en-
tre iguales surge en Noruega, con los trabajos de Dan Olweus como
también se han realizado estudios en Estados Unidos e Inglaterra
donde avanzan las investigaciones sobre las conductas agresivas en
los ámbitos escolares. En países como Holanda (Mooij, 1994), Esco-
cia (Mellor, 1990), Irlanda (O’Moore, Kirkham y Smith, 1996), Italia
(Fonzi, 1999), España (Defensor del Pueblo, 2000), Suiza (Alsaker
y Brunner, 1999), Japón (Mombuso, 1994), Austria (Rigby, 1997) se
han elaborado estudios sobre violencia escolar en la enseñanza pri-
maria y secundaria a nivel nacional. Es así como vemos este fenómeno
como algo global y no tanto como una situación específica de un país
(Gutiérrez, 2005).
El Colegio Americano de Barranquilla por muchos años ha venido
trabajando una propuesta de convivencia que busca desarrollar lide-
razgos para la resolución de conflicto, actualmente desarrolla el pro-
grama “Hagamos un Trato por el Buen Trato” que tiene como propósito
fomentar una cultura de paz, buen trato y cuidado en toda la comu-
nidad educativa, padres docentes, estudiantes y todo el personal que
labora en la institución.
Además se busca sensibilizar a la población educativa sobre la im-
portancia del buen trato en las relaciones interpersonales; fortalecer
a la comunidad educativa con acciones de prevención, intervención y
formación para la apropiación de mecanismos y estrategias de paz y
buen trato, así como visibilizar las acciones que se construyen e imple-
mentan desde la escuela.
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Manifestaciones del maltrato en escolares de acuerdo al género y la edad
II. Marco teórico
Para nuestro estudio definiremos de acuerdo a diferentes autores el
concepto de maltrato escolar o bullying, delimitando así lo que se quie-
re decir cuando se habla de este fenómeno.
Literalmente, del inglés bully, significa “matón o bravucón”; en este
sentido, se trataría de conductas que tienen que ver con la intimida-
ción, el aislamiento, la amenaza, los insultos, sobre una víctima o vícti-
mas señaladas que ocupan ese papel. Por otra parte, aunque el término
bullying, literalmente, no abarque la exclusión social como forma agre-
siva de relación, aún con esta limitación, proporciona las característi-
cas básicas para definir el fenómeno; y es este término el que, tras dife-
rentes revisiones a partir de la primera definición de Olweus (1978),
tiene un uso consensuado en la literatura científica que aborda este
problema: “Un alumno es agredido o se convierte en víctima cuando
está expuesto, de forma repetida y durante un tiempo, a acciones nega-
tivas que lleva a cabo otro alumno o varios” (Olweus, 1978). Apoyando
la definición anterior, Voors (2005) manifiesta que aquellas personas
que no cumplen con los criterios ni poseen rol de pertenencia a un
grupo específico, se convierten en víctimas de ataques y por lo tanto
padecen de aislamiento teniendo como consecuencia la exclusión de
las actividades que se desarrollan en la escuela.
Dado el interés de los investigadores sobre este fenómeno que no es
nuevo ha venido cambiando de términos que recoja y explique más lo
que realmente se da entre los escolares, últimamente se ha tomado la
palabra bullying.
Bully” que presenta dos acepciones; a) persona o animal que se convierte en
terror para el débil o indefenso; y b) aquel que protege y vive de las prostitutas.
Es decir, en ambos prevalece la tendencia a aprovecharse del otro que está
en una situación de inferioridad. En castellano habría de traducirse como
“intimidador”, si bien, se trata de un término apenas utilizado, adaptándose
mejor los términos de “abusón”, “matón” o “chulo” (Yuste, 2007).
En las revistas de investigación donde se describen este tipo de situa-
ciones en los ambientes escolares, encontramos diferentes conceptos
tomados de autores que han estudiado el fenómeno y las característi-
cas, haremos referencias a ellas en los siguientes conceptos.
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Vilma Isabel Yánez Ogaza
Subconjunto de conducta agresiva en la que hay un desequilibrio de poder y
donde el acto agresivo es repetido todo el tiempo (Olweus, 1978).
Conducta de persecución física y/o psicológica que realiza un alumno o alum-
na contra otro, al que elige como víctima de repetidos ataques. Esta acción ne-
gativa e intencionada, sitúa a la víctima en posiciones de las que difícilmente
puede salir por sus propios medios (Olweus, 1993).
Sentimiento de ser maltratado injusta e impunemente de forma prolongada
y la sensación de indefensión que provoca el no saber salir, por los propios
medios, de esa situación social (Ortega y Mora-Merchán, 1997, p. 46).
Es un tipo de conducta dirigida a hacer daño; es repetida en el tiempo; y
se produce en el seno de una relación interpersonal caracterizada por un
desequilibrio de poder (Olweus, 1999, p. 87).
En el Informe del Defensor de Pueblo (2000), se indica que el término
bullying puede traducirse como “intimidación” y refiriéndose a la persona
podría aplicarse a los más coloquiales de “matón”, “abusón” o “chulo” (Yuste,
2007, p. 2).
En resumen, podemos asegurar que para que una de las conductas de
maltrato pueda ser definida como bullying debe poseer las siguientes
características: el comportamiento agresivo debe tener una intención,
debe darse de forma repetida en un periodo de tiempo, debe existir
una relación desequilibrada de poder o fuerza, dominio-sumisión, en-
tre las conductas de acoso (Olweus, 2007), además sus participantes,
sin importar el rol que ocupan, generalmente tienden a guardan silen-
cio sobre los acontecimientos que se vienen presentando (Romera,
del Rey y Ortega, 2011).
A. Manifestaciones de la violencia escolar
Un par de elementos que adicionalmente facilitan la comprensión
del fenómeno son la caracterización de los diversos roles que pueden
adoptar sus participantes y sus factores individuales asociados, que
han sido destacados mediante validación empírica. Asimismo, la infor-
mación sobre los efectos que la intimidación produce en cada parti-
cipante, completan el cuadro que da cuenta de las complejas interac-
ciones y dinámicas y las razones por las que urge su intervención y
prevención (Cuevas, Hoyos y Ortiz, 2009).
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Manifestaciones del maltrato en escolares de acuerdo al género y la edad
Este fenómeno que recorre los periódicos, revistas y diferentes me-
dios de comunicación ha creado gran preocupación en escolares, do-
centes, y familiares. De acuerdo a los conceptos dados, este no es un
fenómeno nuevo sino que los términos han ido cambiando y las formas
de manifestarse también, pero el escenario más común para manifes-
tar este tipo de agresiones es el aula de clases, en él, muchos han sido
los escolares que han sufrido agresión en diferentes generaciones.
Javier Yuste Andrinal (2007), doctor de psicología y dedicado a la
docencia, Madrid España, en su investigación La violencia en los insti-
tutos de educación secundaria afirma que:
Los escolares que padecen este tipo de agresiones, lo viven con tal ansiedad
que pueden llegar a sufrir hasta límites insospechados, convirtiéndose para
ellos en un infierno la mera asistencia a clase. También se sabe que las con-
secuencias negativas del bullying no recaen exclusivamente en las víctimas,
produciendo efectos no deseados también sobre los agresores que reciben un
refuerzo de su comportamiento basado únicamente en el poder agresivo, y
en los observadores, en los que se van generando sentimientos insolidarios y
falta de empatía hacia el sufrimiento de otros (p. 53).
Para empezar, el primer rol que estudiaremos será el de víctima: in-
vestigaciones han demostrado que el ser víctimas de violencia entre
iguales se relaciona con baja autoestima y pobre competencia social
entre pares (Cassidy, 2009). Por lo tanto, las relaciones de los estu-
diantes con sus compañeros y amigos se asocian con múltiples aspec-
tos del desarrollo y el ajuste, incluyendo el rendimiento en la escuela
(Gifford-Smith y Brownell, 2003) y probablemente también todos
los demás aspectos de la vida (familia, escuela y comunidad). Así mis-
mo, los niveles de integración de los niños y niñas, son considerados
como uno de los principales indicadores de la adaptación social en la
escuela (Martín y Muñoz, 2009).
Las características específicas de las relaciones con los compañeros
pueden impedir un adecuado desarrollo del estudiante (Boivin, Vita-
ro y Poulin, 2005). Como consecuencia se puede dañar la autoestima,
la condición social, deteriorar psicológicamente, cayendo hombres y
mujeres en soledad y depresión aunque las mujeres parecen ser más
afectadas. El rechazo de los compañeros se refleja en las dificultades de
integración social dentro del grupo de pares incluso en la vida adulta
(Boivin, et al., 2005). Las víctimas y los agresores-víctimas suelen ser
18
Vilma Isabel Yánez Ogaza
percibidos por sus pares como los estudiantes con peores relaciones
(Cava, Musitu, Buelga y Murgui, 2010).
La investigación evidencian que el perfil de rechazo puede venir de-
terminado por los estilos relacionales inadecuados aprendidos en el
seno familiar (Díaz-Aguado, 2003; Díaz-Aguado y Martínez, 2006;
Estévez et al., 2007). Igualmente se han mostrado los innumerables
efectos psicosociales que produce no sólo en quienes la padecen en
calidad de víctimas, sino también en quienes la cometen, y aún más, en
aquellos que participan como observadores de las situaciones victimi-
zantes (Cuevas, Hoyos y Ortiz, 2009).
En cuanto a las formas en que se lleva a cabo la agresión, existen va-
rias clasificaciones, la más amplia corresponde a intimidación directa e
indirecta, entendiendo por directa la que se realiza persona a persona,
por ejemplo, el insulto, la agresión física, la burla y, por indirecta, las
acciones como esparcir rumores. También se utiliza la categorización
intimidación física e intimidación social/relacional (Cuevas, Hoyos y
Ortiz, 2009).
Según Vaillancourt (2005), varios estudios han demostrado que
las mujeres agreden de forma encubierta. Este tipo de violencia im-
plica el uso de actos de complicidad entre compañeros excluyendo a
la víctima y buscando las formas de que a los demás no les guste; el
agresor se vuelve amigo de los otros buscando apartar a la víctima, se
cuentan secretos de una persona a otra diciéndose cosas malas a sus
espaldas, se burlan de su lenguaje corporal, entre otras.
Las manifestaciones del bullying se dan tanto en niñas como en ni-
ños con características diferentes, algunos especialistas en la psico-
logía e investigadores revelan que en las niñas es mucho más sutil la
manifestación y en los niños, dada sus características físicas se hace
mucho más visible, pero además de la variación debida al género, tam-
bién hay variación debido a la edad que depende del tipo de agresión
y del papel como víctima o agresor. Generalmente los chicos aparecen
más implicados que las niñas en agresiones físicas (del Barrio, Mar-
tín, Montero, Gutiérrez y Fernández, 2003).
A las niñas normalmente se preocupan por sus aspectos físicos, si
es atractiva o no, si su contextura va acorde con los modelos que la so-
ciedad de consume propone convirtiéndose estos en causa de matoneo
entre ellas con ofensas verbales, intimidaciones y hasta la exclusión.
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Manifestaciones del maltrato en escolares de acuerdo al género y la edad
Los interlocutores sociales se seleccionan con base a las relaciones
de influencia que se establecen en el contacto entre pares, puesto que
la red no es una construcción individualista sino que su dinámica im-
plica la concepción del grupo; en este proceso actúan tanto los compa-
ñeros cercanos como aquellos que ejercen conductas de acoso, como
forma de identificación y diferenciación entre ellos.
Estudios muestran que aquellos niños y niñas que se han catalo-
gado como alumnos preferidos presentan una buena adaptación a la
escuela. La forma de comportarse por parte de ellos se determina por
su capacidad de interactuar de manera adecuada con sus compañeros,
en el que pueden desarrollar lazos positivos de amistad, su capacidad
de cooperar, de ayudar, de resolver conflictos y de respetar la norma y
la autoridad (Díaz-Aguado, 2003; García-Bacete, 2007; Trianes, Mu-
ñoz y Jiménez, 2007).
Es importantes establecer que si bien los estudiantes que son víc-
timas de conductas de acoso dentro de la escuela, pueden presentar
conductas de acoso en contra de sus iguales, no todos los rechazados
mostraban comportamientos agresivos, asimismo el grupo de estu-
diantes que son aceptados se conforma de manera muy heterogénea
en cuanto a sus formas de comportamiento (Martín y Muñoz, 2009).
Es por esto que las relaciones entre pares no puede entenderse como
algo rígido e independiente del contexto en el que se desenvuelven
(Martín y Muñoz, 2009).
Las conductas de acoso varían según el contexto en el que se des-
envuelvan los estudiantes. Dentro de la escuela, el patio es percibido
como el lugar en el que las conductas de tipo afectivo y de la resolución
de conflictos priman dentro del repertorio de los estudiantes, por otro
lado el salón de clases se muestra como el escenario en donde se tratan
principalmente temas de carácter intelectual (Muñoz y Martín, 2009).
Por lo anterior, al producirse diferentes tipos de relaciones y conductas
en función del contexto, es de esperar que el estatus sociométrico pue-
da variar en casos específicos, puesto que las características conduc-
tuales necesarias en cada contexto pueden variar (Martín y Muñoz,
2009). Así las cosas, podemos clasificar los dos contextos principales
dentro de la escuela el académico y el contexto de ocio.
20
Vilma Isabel Yánez Ogaza
Algunos estudiantes asumen el mismo rol en todos los ambientes
escolares de tal forma que si son rechazados en uno de igual forma son
rechazados en otros. Los que poseen más aceptación son identificados
como preferidos sólo en el contexto académico, seguido por el grupo de
estudiantes identificados como preferidos en ambos contextos (acadé-
mico y ocio). Mientras tanto el grupo de estudiantes que se clasifican
como preferidos sólo en el contexto de ocio se encuentran bastante
por debajo de los otros grupos. Por otro lado está comprobado que
el grupo más numeroso de aquellos que se clasifican como los menos
aceptados es el de los estudiantes que son rechazados, encontrándose
muy por encima de aquellos que son sólo rechazados en el contexto
académico o en el de ocio, que alcanzan niveles similares (Martín y
Muñoz, 2009).
Ahora el fenómeno trasciende a la relación cara a cara ya que se
introduce actualmente la modalidad que da la tecnología, lo que algu-
nos han llamado el ciberbullying al respecto, Chaux, investigador de la
Universidad de los Andes, agrega:
... es común que esas agresiones indirectas entre las niñas no solo se den en
el plano “real” sino que se lleven a las redes sociales, donde por medio de
fotomontajes, videos que ponen en ridículo a la víctima, grupos creados para
atacarla o imágenes de su intimidad, entre otros, se busca dañar el estatus de
ésta (men, 2013).
III. Planteamiento del problema
Para comenzar el planteamiento del problema, la investigadora permi-
te señalar una frase importante para tener como punto de referencia y
reflexión como apertura: “Hemos aprendido a volar como los pájaros
y a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de
vivir juntos como hermanos”, es una frase que expresó Martin Luther
King, activista de ddhh de los años 1940 y 1950 en una de sus muy
conocidas oratorias pastorales. Mirando el trasfondo social de estas
palabras nos pone a pensar que las cosas en términos de violencia y
agresión, no han cambiado mucho, que los fenómenos de violencia,
discriminación y otras formas de agresiones se mantienen hoy en día
y que a los seres humanos nos ha costado mucho aprender a vivir en
una sana convivencia.
21
Manifestaciones del maltrato en escolares de acuerdo al género y la edad
El contexto social de muchos países del mundo, está caracterizado
por un manejo inadecuado en las relaciones humanas; la agresión y la
violencia es un reflejo de la intolerancia de la que somos víctimas. Los
medios de comunicación nos bombardean día a día con noticias violen-
tas mostrándonos un panorama bastante deprimente. La violencia y el
maltrato se convirtieron en un foco de observación e investigación hoy
en día, es por eso que una de las instituciones en la que últimamente se
investiga sobre la violencia, es la escuela. Las relaciones inadecuadas
que se dan entre los escolares se ha ido incrementando cada vez, ya
que son más los casos que hoy se denuncian como sucesos violentos y
que se dan en el contexto educativo, de tal manera que, hoy en día se le
ha prestado mayor atención a este fenómeno focalizando y caracteri-
zando las diferentes expresiones de violencia.
Si nos vamos a otras partes del mundo encontramos que en escue-
las españolas por ejemplo, se ha analizado y estudiado este fenómeno,
Noruega aparece como el país donde surgió el estudio de las dinámi-
cas violentas entre iguales, estudios que tomaremos como referentes
para seguir profundizando en nuestra investigación, porque en efecto,
los episodios de violencia en los centros educativos parecen tener una
gran capacidad de atraer a la atención pública, causando lo que hoy día
se ha dado en denominar una alta alarma social, a la que le debe pres-
tar mucha atención ya que esta se añade a las ya innumerables fuentes
de demanda y presión social con que nuestros centros educativos y
profesorado deben enfrentarse.
Por otro lado, mencionaremos las disposiciones que se han señala-
do en nuestro país, el periódico El Tiempo ha revelado dos estudios que
dan cuenta de un panorama alarmante en materia de violencia esco-
lar: en las escuelas distritales de Bogotá se registran más de 100 casos
por día; y en la costa Atlántica y Pacífica siete de cada diez menores
dicen haber sido víctimas (El Tiempo, 12 de septiembre 2010). Datos
como estos aparecen en los diferentes medios de comunicación cada
día mostrando casos impresionantes. Se escuchan a través de informa-
ción mediática historias como la siguiente: “Queremos recordarte que
eres una deformidad de la naturaleza y que esperamos que te mueras
y que tus vísceras se esparzan en la calle y nosotros celebraremos que-
mándolas. Por favor suicídate” (Vanguardia, 12 septiembre 2010), este
mensaje fue enviado a Mariana una niña de 14 años de una escuela
en Bogotá quien tuvo que cambiar de institución porque ya no resistía
este tipo de intimidación escolar o también conocida como bullying.
22
Vilma Isabel Yánez Ogaza
Al leer otros documentos encontramos que:
... de acuerdo a un estudio realizado por Profamilia, en Colombia según la
encuesta hecha en 2005 con las pruebas Saber del icfes, en cerca de un millón
de estudiantes de los grados quinto y noveno de colegios públicos y privados,
el 28% de los estudiantes de quinto dijo haber sido víctima de matoneo en
los meses anteriores, el 21% confesó haberlo ejercido y el 51% haber sido
testigo del mismo. En los grados novenos, las víctimas fueron casi el 14%, los
victimarios el 19% y los testigos el 56% (Profamilia, 2013).
Situación parecida se encuentra en el estudio que se realizó en la
Universidad de los Andes donde Colombia aparece como uno de los
países con cifras extremadamente altas en situaciones de maltrato es-
colar o bullying junto a otros países de Latinoamérica.
En el más reciente estudio de la Universidad de los Andes, donde se evaluó la
respuesta de cerca de 55 mil estudiantes en 589 municipios del país, en las
Pruebas Saber de los grados quinto y noveno, se encontró que el 29% de los
estudiantes de 5.° y el 15% de 9.° manifestaban haber sufrido algún tipo de
agresión física o verbal de parte de algún compañero (Vanguardia, 2013).
También el Instituto de Bienestar Familiar, a través de la subdirectora
Adriana González nos da cifras que no se pueden menospreciar:
En el 2012 tuvimos 149 casos de niños que fueron víctimas de intimidación
escolar, hicimos constataciones y luego de su verificación, abrimos procesos
administrativos de restablecimiento a 68 casos importantes en Bogotá, Caldas,
Antioquia, Sucre y Tolima, una cifra que sigue siendo alta y que nos inquieta
(icbf, 2013).
Chaux (citado por Vanguardia, 2013), afirma que:
... los estudios que se han realizado en Colombia en diferentes instituciones
educativas indican que uno de cada cinco estudiantes son víctimas del matoneo
en todas sus formas y que este problema presenta unas cifras elevadas en las
regiones caracterizadas por la presencia del conflicto armado (Vanguardia,
2013).
Ante estas situaciones de violencia que se dan desde la escuela nos
hemos preguntado: ¿Existe relación entre las diferentes manifestacio-
nes de maltrato, el género y la edad de estudiantes que participan en
conductas de acoso e intimidación en la escuela?
23
Manifestaciones del maltrato en escolares de acuerdo al género y la edad
IV. Objetivos
A. Objetivo general
Identificar si las diferentes manifestaciones de maltrato entre iguales
que se dan en la escuela se relacionan con el género y la edad de los
estudiantes del Colegio Americano de la ciudad de Barranquilla.
B. Objetivos específicos
• Identificar las manifestaciones del maltrato entre iguales que se
dan entre niños y niñas del Colegio Americano de Barranquilla en
relación al rol asumido por los mismos (agresor, víctima, testigo,
agresor-víctima).
• Establecer si el género muestra relaciones con conductas específi-
cas de maltrato entre iguales.
• Determinar si la edad de los participantes se relaciona con las con-
ductas y los roles asumidos en las prácticas de maltrato por acoso
e intimidación.
V. Operacionalización de variables
La operacionalización de las variables de estudio se encuentra descrita
en las tablas 1, 2 y 3.
24
Vilma Isabel Yánez Ogaza
Tabla 1
Operacionalización de la variable maltrato entre iguales
Tipo de
Variable
Operacionalización
variable
“Un comportamiento de persecución física o psi-
Maltrato
Cualitativa
cológica que realiza un estudiante o grupo de ellos
entre iguales
discreta
contra otro u otros, elegidos como víctimas de múl-
tiples ataques” (Olweus 1993)
Nivel de
Indicador
Unidad de medición
medición
Físico
Psicológico
Nominal
Escala tipo Likert
Social
Tabla 2
Operacionalización de la variable género
Variable
Tipo de variable
Operacionalización
“Se refiere a los roles socialmente cons-
truidos, los comportamientos, activida-
Cualitativa
Género
des y atributos que una sociedad dada
Discreta
considera apropiados para los hombres
y las mujeres” (oms, 2010)
Indicador
Nivel de medición
Unidad de medición
Hombre
Nominal
Escala Dicotómica
Mujer
Tabla 3
Operacionalización de la variable edad
Variable
Tipo de variable
Operacionalización
Cualitativa
Tiempo transcurrido desde el nacimien-
Edad
Discreta
to de un individuo
Indicador
Nivel de medición
12-13
14-15
Ordinal
16-17
25
Capítulo primero
Metodología
I. Diseño
El estudio se basa en un diseño correlacional, de corte transversal y
con enfoque cuantitativo. Este tipo de diseño facilita la identificación
de los resultados para diversas variables en el momento justo de su
ocurrencia, definiendo posibles asociaciones entre las mismas sin que
exista manipulación controlada por parte del investigador, es decir, re-
gistra y asocia fenómenos en contextos naturales.
II. Participantes
La población la constituyen 988 estudiantes del Colegio Americano de
Barranquilla pertenecientes a los grados séptimo a undécimo, quienes
cumplen su jornada académica en horario matutino. La muestra por
su parte, es de carácter accidental y la constituyen 212 estudiantes co-
rrespondientes a un curso académico de cada grupo que fue seleccio-
nado al azar; la distribución por curso es la siguiente: 42 estudiantes
de grado séptimo, 40 de octavo, 41 de grado noveno, 46 de décimo y
finalmente 43 de undécimo.
Los participantes fueron seleccionados partiendo de la idea de que
se trataba de grupos naturalmente constituidos acorde a los criterios
de Avilés y Monjas (2005), sin diferencia de sexo, ni estratificación
socioeconómica.
27
Manifestaciones del maltrato en escolares de acuerdo al género y la edad
III. Instrumentos
Ficha de datos demográficos. Diseña para el estudio, consiste en una
ficha en la cual se registra información personal de los participantes
como edad, género, tiempo dedicado al cuidado, vínculo con el pacien-
te, estado civil, entre otros datos.
Cuestionario del Defensor del Pueblo. Las conductas de maltrato entre
iguales serán medidas a través de la aplicación del Cuestionario del
Defensor del pueblo en su versión de 2007, la cual es de amplia uti-
lidad y validación en diferentes culturas. Este cuestionario permite
identificar 11 conductas específicas de acoso divididas en maltrato fí-
sico y psicológico, así como acciones e intimidación social y coacción.
El instrumentos fue desarrollado por un grupo de expertos en el
estudio del acoso e intimidación escolar y su aplicación tiene validez
transcultural. Adicionalmente, el cuestionario facilita la identificación
de los roles de los participantes que para este caso se clasificarán en
los cuatro papeles principales de agresor, víctima, observador y el rol
mixto de agresor-víctima.
IV. Procedimiento
El desarrollo de esta investigación se ajustó a los procedimientos inter-
nacionales de valoración ética en investigación con seres humanos, de
tal forma que los investigadores implicados en el estudio ajustaron el
procedimiento a las disposiciones legales definidas por la Declaración
de Helsinky de la amm, el Capítulo iv y conexos de la Ley 911 de 2004
y por el Decreto 1090 de 2006, ambos emanados del Congreso de la
República de Colombia.
La selección de los estudiantes obedece a su participación volunta-
ria, garantizando la confidencialidad en el manejo de la información.
Para ello se obtuvo el consentimiento informado de la institución como
de los acudientes responsables de los menores, quienes fueron infor-
mados de los procedimientos contemplados por el estudio. Una vez
obtenidos los respectivos consentimientos, se puso a los estudiantes al
tanto de los objetivos y actividades que contempla el estudio, garanti-
zando su completo conocimiento de los fines de la investigación.
28
Vilma Isabel Yánez Ogaza
Posteriormente se aplicó en cuestionario de manera colectiva en
los propios cursos a los que están adscritos los participantes, quienes
contarán con la presencia de la investigadora para resolver dudas rela-
cionadas con el llenado de la prueba. La aplicación del instrumento se
cumplió entre los meses de agosto y septiembre del 2014.
A. Análisis de datos
Inicialmente se realizó un análisis descriptivo de los datos mediante la
identificación de las frecuencias y porcentajes de las conductas de mal-
trato más frecuentes, así como de los roles que asumen los estudiantes.
También se analizará la distribución por género y las edades de los
estudiantes. Tales procedimientos se cumplieron cargando una matriz
de datos en el paquete estadístico spss versión 18.0.
Posteriormente se desarrolló un análisis de relaciones entre varia-
bles aplicando el Chi Cuadrado de Pearson dada la naturaleza cualita-
tiva de las variables analizadas, estableciendo como probabilidad de
significancia estadística un valor del 5%.
29
Capítulo segundo
Resultados
I. Prueba para objetivo 1: Identificar las
manifestaciones del maltrato entre iguales
que se dan entre niños y niñas del Colegio Americano
de Barranquilla en relación al rol asumido por los
mismos (agresor, víctima, testigo, agresor-víctima)
La evaluación de manifestaciones de acoso e intimidación se basó en la
detección de 11 comportamientos específicos, los cuales fueron clasi-
ficados de acuerdo a tres perspectivas esenciales: a) Acoso observado;
b) Acoso realizado y c) Acoso experimentado. Con ello, se logró iden-
tificar las manifestaciones de tales comportamientos según los roles
tradicionalmente descritos en la literatura del acoso entre iguales. En
la tabla 4 se incluyen las frecuencias y porcentajes de cada conducta.
Tabla 4
Conductas de acoso e intimidación desde
la perspectiva de los diversos actores
Observado
Realizado
Experimentado
Conductas de acoso
f
%
f
%
f
%
Ignorar
164
77,4
104
49,1
70
33,0
No dejar participar
164
77,4
29
13,7
47
22,2
Insultar
165
77,8
109
51,4
87
41,0
Poner sobrenombres
155
73,1
129
60,8
99
46,7
Hablar mal
169
79,7
62
29,2
68
32,1
Esconder las cosas
181
85,4
69
32,5
79
37,3
Romper las cosas
155
73,1
12
5,7
42
19,8
31
Manifestaciones del maltrato en escolares de acuerdo al género y la edad
Robar
148
69,8
10
4,7
41
19,3
Pegar
175
82,5
59
27,8
48
22,6
Amenazar mediante armas
109
51,4
8
3,8
15
7,1
u objetos
Acosar sexualmente
79
37,3
2
0,9
10
4,7
Los datos demuestran una clara tendencia a reportar como observa-
dos, a la mayoría de los comportamientos que se incluyeron en el aná-
lisis, sobresaliendo como los de mayor registro las agresiones instru-
mentales como esconder las cosas de las víctimas, así como agresiones
directas como el castigo físico (pegar). Las agresiones sociales (p. ej.:
ignorar, impedir la participación social, hablar negativamente de los
demás) también aparecen con una frecuencia elevada.
Sin embargo, existe una diferencia importante entre el registro de
conducta que se reportan como observadas y las que se reconocen como
acciones perpetradas o sufridas, es decir, es mayor la tendencia a seña-
lar la participación de terceros en acciones de acoso que a reconocer
la propia participación en las mismas. El reporte de conductas realiza-
das por ejemplo, es bastante reducido en la mayoría de las conductas, a
excepción de acciones como insultar, ignorar a los compañeros o poner
sobrenombres ofensivos o que ridiculizan, entre tanto, el registro de con-
ductas experimentadas, es decir, el reporte de victimización es aún más
reducido, de hecho, ninguna de las conductas alcanza a ser señalada por
la mitad de la muestra, siendo la más frecuente el recibir sobrenombres
que ofenden, lo cual fue señalado por el 46,7% de los participantes. Uno
de los datos más llamativos radica en la conducta de amenazar mediante
armas u objetos contundentes reportada como observada por el 51,4%
de los participantes, mientras que el reporte se reduce al 7,1% entre
quienes reconocen que lo han sufrido, y a 3,1% entre quienes aceptan
haberlo hecho, datos que señalan cómo el acoso perpetrado y el sufrido
tienen un claro subregistro por parte de los propios estudiantes.
Esta información coincide con la distribución de los roles de los pro-
tagonistas del acoso, pues en su mayoría se identificaron como obser-
vadores (n = 175; 82,5%), seguido de quienes se reconocieron como
víctimas aunque en un porcentaje sumamente inferior (n = 17; 8%); en
menor cantidad se reportaron quienes asumieron el rol de agresores (n
= 10; 4,7%), y por último, en un porcentaje similar a los anteriores, se
registró a los agresores-víctimas (n = 10; 4,7%).
32
Vilma Isabel Yánez Ogaza
Por su parte, la medición de posibles asociaciones entre estos roles
y cada una de las conductas de acoso no mostró resultados significa-
tivos a nivel estadístico por lo cual asume la primera hipótesis nula
(Ho1) del estudio.
II. Prueba para objetivo 2: Establecer si el género
muestra relaciones con conductas específicas
de maltrato entre iguales
Por otro lado, otra de las variables de interés en este estudio fue el
género de los participantes, en especial con relación a las diferentes
conductas de acoso evaluadas. La tabla 5 muestra los resultados del
análisis de asociación realizado a través del Chi Cuadrado de Pearson
con su respectivo valor “p” y el nivel de significancia estadística para
cada conducta.
Tabla 5
Chi Cuadrado para conductas de acoso y género de los participantes
Valores para Género
Conductas de acoso
x2
p
Ignorar
1,862
,172
No dejar participar
,140
,708
Insultar
9,376
,002*
Poner sobrenombres
10,367
,001*
Hablar mal
,499
,480
Esconder las cosas
3,257
,071
Romper las cosas
1,028
,311
Robar
,019
,819
Pegar
1,691
0,194
Amenazar con armas u objetos
0,022
0,883
Acosar sexualmente
1,8
0,18
* p < 0,05
33
Manifestaciones del maltrato en escolares de acuerdo al género y la edad
Estos resultados permiten tomar una decisión “parcial” respecto a
la segunda hipótesis nula (Ho2), esto debido a que no todas las conduc-
tas fueron significativas, de hecho, sólo se hallaron dos asociaciones
con un nivel estadístico considerable.
Por un lado, el género se asoció con la conducta de insultar, sien-
do un comportamiento de acoso más frecuente entre las mujeres (n =
101) que entre los hombres (n = 64), y en segundo lugar, se observó
relación significativa con el uso de sobrenombres ofensivos, conducta
que también fue de mayor frecuencia entre las mujeres (n = 94) que
entre sus compañeros varones (n = 62); ambas conductas mostraron
asociación significativa con el género al nivel del 5%. Llama la atención
además, una mayor tendencia a identificarse el acoso y la intimidación
por parte de las mujeres.
III. Prueba para objetivo 3: Determinar si la
edad de los participantes se relaciona con las
conductas y los roles asumidos en las prácticas
de maltrato por acoso e intimidación
La edad de los estudiantes también presentó algunos resultados llama-
tivos que obligan a asumir con cautela la tercera hipótesis nula (Ho3),
pues la misma no se cumple al menos parcialmente. Por un lado, se
observó que la mayoría de los roles son registrados entre los estudian-
tes que se encuentran entre los 14 y los 16 años de edad, mientras que
se reduce el reporte de conductas de acoso y el reconocimiento de su
participación en las mismas entre los estudiantes que superan los 16
años (tabla 6), sin embargo, la prueba de asociación entre la edad de
los participantes y los roles por estos asumidos no mostró resultados
estadísticamente significativos (x2 = 4,525; p = ,606).
34
Vilma Isabel Yánez Ogaza
Tabla 6
Distribución de los roles de los actores
de acuerdo a sus rangos de edades
Rango de edad
Rol
Total
11-13
14-16
>16
Agresor
3 (4,3%)
6 (4,9%)
1 (4,8%)
10 (4,7%)
Victima
4 (5,8%)
12 (9,8%)
1 (4,8%)
17 (8%)
Observador
61 (88,4%)
97 (79,5%)
17 (81%)
175 (82,5%)
Agresor-víctima
1 (1,4%)
7 (5,7%)
2 (9,5%)
10 (4,7%)
Por otro lado, también se cumplió con el análisis de la distribución de
las conductas de acoso según los rangos edad de los estudiantes, infor-
mación que aparece descrita en la tabla 7, en la cual resulta evidente
un cambio importante en la topología de estas acciones de acuerdo con
los rangos de edades, al menos desde el plano descriptivo. Inicialmente
se aprecia una distribución muy similar en relación con el desarrollo
de estas conductas entre los estudiantes con edades que van de los
11 a los 13 años, entre los cuales la conducta más frecuente es pegar,
seguida de esconder las cosas, ignorar e insultar, por su parte, entre los
14 y 16 años se observó un aumento del registro de estas conductas, y
sobresalen otras acciones más de índole social y psicológico como no
dejar participar, hablar mal e ignorar, finalmente, el reporte se reduce
entre los estudiantes mayores de 16 años (entre 17 y 18 años). Sin em-
bargo, vale mencionar que la naturaleza de la distribución del número
de participantes por cada rango de edad, es una condición que debe
asumirse en el reconocimiento de estas variaciones.
35
Manifestaciones del maltrato en escolares de acuerdo al género y la edad
Tabla 7
Distribución de las conductas de acoso
de acuerdo con los rangos de edades de los participantes
Descriptivos por edad: frecuencia (%)
Conductas de acoso
11-13 (n = 69)
14-16 (n = 122)
> 16 (n = 21)
Ignorar
55 (79,7%)
94 (77,0%)
15 (71,4%)
No dejar participar
50 (72,5%)
100 (82%)
14 (66,7%)
Insultar
52 (75,4%)
95 (77,9%)
18 (85,7%)
Poner sobrenombres
48 (69,6%)
92 (75,4%)
16 (76,2%)
Hablar mal
51 (73,9%)
101 (82,8%)
18 (85,7%)
Esconder las cosas
56 (81,2%)
107 (87,7%)
118 (85,7%)
Romper las cosas
45 (65,2%)
94 (77%)
16 (76,2%)
Robar
47 (68,1%)
87 (71,3%)
14 (66,7%)
Pegar
62 (89,9%)
94 (77%)
19 (90,5%)
Amenazar
34 (49,3%)
64 (52,5%)
11 (52,4%)
Acosar sexualmente
26 (37,7%)
44 (36,1%)
9 (42,9%)
Finalmente, la tabla 8, recoge los resultados relacionados con la prue-
ba de asociación entre las conductas en cuestión y la edad de los estu-
diantes, endicha tabla se describe el valor de Chi Cuadrado y su respec-
tivo valor p. De acuerdo con estos resultados, solamente la conducta de
pegar mostró valores significativos al nivel del 5% con la edad.
36
Vilma Isabel Yánez Ogaza
Tabla 8
Chi Cuadrado para conductas de acoso y edad de los participantes
Valores para edad
Conductas de acoso
x2
p
Ignorar
,646
,724
No dejar participar
3,794
,750
Insultar
1,000
,606
Poner sobrenombres
,856
,652
Hablar mal
2,633
,268
Esconder las cosas
1,515
,469
Romper las cosas
3,251
,197
Robar
,323
,851
Pegar
6,034
,49*
Amenazar
,188
,910
Acosar sexualmente
,361
,835
*p < 0,05
Del mismo modo, nuestros datos coinciden con estudios previos (del
Barrio, Martín, Montero, Fernández y Gutiérrez, 2001) que resal-
tan la gran participación de terceros como observadores, esto no quiere
decir que no se presente la violencia en las escuelas sino que la mayoría
de los involucrados no demuestran ser parte implícita en el problema,
o más bien que son pocos los que reconocen a través del auto-reporte
que han cometido o sido víctima de agresiones permanente entrando
así en la clasificación de roles como agresores o víctimas -que mos-
traron valores similares-, esto demuestra que no es tan fácil o sencillo
que los actores involucrados reporten las hostilidades, pero el hecho
de que existan terceros que den cuenta de la realidad y del nivel impor-
tante con la incidencia de dichas conductas.
Teniendo en cuenta que la escuela es el escenario perfecto para que
los niños y niñas se relacionen, deben crearse espacios de educación
más allá de lo tradicional que no sólo vinculen procesos de ciencias
básicas sino que promuevan la construcción de valores, autoconcepto
positivo, ética y una sana convivencia. Lastimosamente parece ser que
37
Manifestaciones del maltrato en escolares de acuerdo al género y la edad
nuestros niños y niñas se han acostumbrado a formas de interacción
en donde la agresión en cualquiera de sus presentaciones es aceptada
como algo “normal” y formas legitimas de socialización (Riaño, 2008).
Por otro lado y siguiendo con nuestro objetivo principal se demos-
tró que los roles no se asociaron significativamente con las manifesta-
ciones de maltrato reportadas, sin embargo el género si mostró asocia-
ciones con algunas de las conductas, siendo notoriamente mayor las
mujeres reportadoras de las conductas con mayor presencia -insultar
y poner sobrenombres ofensivos-, mientras que los varones se repor-
taron mayoritariamente involucrados. Esto nos lleva a hablar con cau-
tela sobre las posibles explicaciones. En primer lugar debemos ver que
sólo dos conductas, ambas de tipo psicológico y verbal, fueron las que
se asociaron y además que en ambos casos se vinculan con el género
femenino, esta información coincide con los reportes realizados por
Ávila-Toscano, Marenco-Escuderos y Tilano (2013).
Sin embargo no podemos entender el acoso escolar como un proble-
ma de determinado género o determinada población, las característi-
cas de este fenómeno afirman la participación de todos, éstos resulta-
dos lo que nos indican es una preferencia de algunas manifestaciones
en determinadas condiciones o de acuerdo a ciertas especificaciones;
al final lo que nos aportan es la claridad para crear programas de
prevención más certeros e integrales que enlacen las características
identificadas y se acomoden a las necesidades, entendiendo que cada
población posee sus particularidades. Además de lo anterior, llama la
atención que la agresión ha ido evolucionando y se ha convertido más
en una agresión no-física sin embargo causa daños muchas veces más
irreversibles que las demás conductas violentas identificadas.
Ahora bien, cuando se realizó el análisis descriptivo acerca de la po-
sible relación entre la edad, los roles y las conductas de acoso se en-
contraron puntos importantes para resaltar que complementarían la
integración de actividades preventivas. El primero de ellos es que las
preferencias en manifestaciones de violencia se modifica a través del
tiempo, los niños y niñas más jóvenes (11-13 años) tienden a relacio-
narse más a través de las conductas más físicas que relacionales tal es
el caso de pegar al igual que los participantes mayores de 16 años, sin
embargo el rango de edad entre los 14 a 16 años, quienes ocupan el
mayor porcentaje de la muestra tienden a involucrarse en el acoso so-
bre el campo psicológico y relacional. Resaltamos este hecho, porque
38
Vilma Isabel Yánez Ogaza
precisamente la conducta de pegar fue la que mostró asociación con la
edad, es decir que a medida que los implicados van creciendo mues-
tran una mayor tendencia al cambio, que va desde lo físico como pri-
meras manifestaciones y luego evolucionan a métodos más “limpios” y
“encubiertos” como son los de tipo psicológico y relacional cuando lle-
gan a edades más avanzadas. Sin embargo no podemos desligar como
posible explicación los cambios evolutivos propios que se presentan en
el desarrollo de la adolescencia, en donde los niños de temprana edad
o que están entrando a la pubertad se encuentra en la etapa inicial de
relaciones entre géneros, además de la construcción del desenvolvi-
miento mejor y mayormente aceptado.
Este panorama muestra la necesidad de redefinir muchas de los
programas de intervención en torno a la problemática del acoso, don-
de no sólo se intervenga la violencia directa y física sino que se abra
en abanico de posibilidades frente a las demás formas de aplicación a
otros. Sin embargo la investigadora es consciente que existen algunas
limitaciones en torno a esta investigación, una de ellas es la naturaleza
y número de participantes en la muestra, ya que dichos participantes
poseían características comunes, esto contrasta un poco con lo descri-
to por los estudios previos en los que la muestra poseían acervos cultu-
rales y etnicidad diferentes, aspectos fundamentales en los estudios de
naturaleza social. Por otro lado planteamos la necesidad de seguir con
estudios de este tipo pero que muestren demás factores que puedan
explicar las singularidades del acoso en las escuelas.
39
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Bogotá, Colombia